domingo, 19 de agosto de 2012

Lo que el viento se llevó: Xenos desconocidos II

Buenos días, amigos!!!. Nuestro post de trasfondo de hoy corre de la mano de nuestro amigo Fer, recién salido del sótano donde lo manteníamos cautivo, se ha ido sin rencor porque le hemos regalado "una sidrita"... y para que veamos que no hay resentimientos, se ha animado a colaborar con la línea de posts de trasfondo con un artículo que trata sobre uno de esos extraños xenos que aparecen en las novelas de la herejía de horus. Os dejo con su artículo.
Los domingos son un día en el que la gente está especialmente floja... hasta para navegar xD Por eso querríamos hacer una línea de posts para los domingos que, sin tomarnos mucho tiempo, fuera de interés general. Haciendo caso de los consejos del personal y combinando las ideas de diversas fuentes ha surgido una nueva línea de posts (ésta misma) en la que trataremos las entradas más interesantes que he tenido la suerte de leer esta semana. También trataremos temas de trasfondo y curiosidades del pasado de W40k. Igualmente, si queréis colaborar con tutoriales, listas, videoinformes... y queréis que los publiquemos aquí; ¡esta es vuestra oportunidad!. Recordad que podéis contactar con nosotros en la sección "empieza aquí".



Xenos desconocidos II:


LOS MEGAARÁCNIDOS
Por Jose F. Ceballos
“Fer”





Hace 10.000 años, antes de que el Imperio de la Humanidad fuese lo que es hoy en día, existían grandes guerreros que luchaban con la expansión del Imperio de la Humanidad. Estos guerreros eran conocidos como Astartes y los guiaban los Primarcas. Seres genéticamente creados con las capacidades des de un semidios.

Dos de estos Primarcas fueron los primeros en conocer la letalidad de una raza xeno que había sido recluida en un planeta por una facción humana llamada los Interexianos. A este planeta habían llegado en primer lugar la Legión de los Ángeles Sangrientos. Las dos compañías que bajaron al planeta desaparecieron repentinamente. Una compañía entera de la legión de los Hijos del Emperador junto con la parte correspondiente del ejército Imperial bajó a rescatarlos.

No tardaron en bautizar al planeta.

Le llamaron:

MUERTE.

La compañía de los Hijos del Emperador que bajó a rescatar a sus hermanos guerreros se encontró con una especie xeno que no habían visto jamás en ningún otro planeta. Su aspecto era grotesco. Su tamaño, descomunal. Su velocidad inmensa y su capacidad de combate: Letal.

Sus cuerpos eran rechonchos, cubiertos por un caparazón quitinoso. Contaban con ocho extremidades. De las cuales cuatro las usaban para desplazarse y las otras cuatro eran mortíferas cuchillas quitinosas que eran capaces de mover de forma que era casi imposible de ver. Su corto cuello acababa en una cabeza ovalada con una boca formada por pinzas y sobre la parte superior una cresta.

Pronto los guerreros de los Hijos del Emperador, comandados por el Comandante General Eidolon, aprendieron a distinguir un patrón en los alienígenas. Los guerreros tenían esa cresta tan característica. Otros, sin embargo, parecían pensados para construir unos extraños árboles. Estos árboles no tenían hojas, si no que acababan en unas ramas puntiagudas. Allí, una subforma de estos xenos capaz de volar, había empalado a los Ángeles Sangrientos.

Las tormentas que azotaban muerte hacían casi imposible que los transportes Astartes atravesaran la atmósfera y pudieran evacuar tanto a los heridos como a los muertos. Parecía imposible poder rescatar a los Hijos del Emperador que estaban luchando por sus vidas sobre la superficie de “Muerte”.

Entre los supervivientes de la oleada enviada por Eidolon se encontraban el propio Comandante General, Saúl Tarvitz, que ostentaba el rango de Capitán y su mejor amigo: Lucius. Este, espadachín experto, disfrutaba sobremanera cada enfrentamiento con los megaarácnidos,  considerando cada combate un deleite personal con el que mejorar sus capacidades de combate cuerpo a cuerpo con la espada. Llegó incluso a utilizar una de las cuchillas de uno de estos xenos para combatir. Tarvitz el advirtió que usar tal objeto como arma era impropio de un Hijo del Emperador y que debía deshacerse de ella inmediatamente. Lucius no le hizo caso, y acabó siendo reprendido personalmente por el propio Eidolon.

Tras un enfrentamiento especialmente duro, Tarvitz se dio cuenta de que aquellos árboles extraños controlaban las tormentas atmosféricas. Tras destruir varios de estos árboles al rescatar los cuerpos caídos de los Ángeles Sangrientos pudo ver el cielo despejado sobre sus cabezas. Había usado explosivos para hacerlo.

Esta vez le tocaba a él sufrir una reprimenda por parte de su Comandante General. “Es un desperdicio de munición”, le había dicho.

Sin embargo, la decisión de Tarvitz quizá salvó la vida de lo que quedaba de la compañía y la vida del propio Eidolon. En órbita, había llegado la décimo tercera expedición. El propio señor de la guerra, Horus, había decidido hacerse cargo de la situación. Pese a todo, aquellas tormentas le instaban a plantearse la situación con calma. No podía arriesgarse a enviar más hombres a la muerte sin datos concisos. Además, habían recibido una extraña transmisión que los tecnosacerdotes de la nave aún estaban tratando de descifrar.

Cuando apareció un hueco en las tormentas sobre una zona del continente más gran del planeta, Tarik Torgaddon, capitán de la Segunda Compañía de los Lobos Lunares rogó al propio señor de la guerra que le dejara bajar con una punta de lanza. Horus se negó en primera instancia, arguyendo que no sabían cuánto tiempo iba a durar el agujero atmosférico.

Fue una transmisión de hermano a hermano y de escuadra a escuadra lo que decidió a Horus. Torgaddon bajó con la punta de lanza a “Muerte” y rescató a los supervivientes de los Hijos del Emperador. No sin antes conocer a Tarvitz, a Lucius y al propio Eidolon, con quien tendría un enfrentamiento que le sirvió para ganarse el aprecio de Tarvitz, la desaprobación de Lucius y el odio de Eidolon.

-¿Quién es el comandante aquío?”- exigió una voz.

-Soy yo- respondió Torgaddon, girando en redondo.

Flanqueada por una docena de Hijos del emperador, la figura alta y orgullosa de lord Eidolon hizo crujir el suelo mientras avanzaba hacia ellos por encima de la escoria humeante.

-Soy Eidolon- declaró, colocándose frente a Torgaddon.

-Torgaddon.
-Bajo las circunstancias- dijo Eidolon-, comprenderé que no se incline.

-Por mi vida que no puedo imaginar ninguna circunstancia en la que debiera hacerlo-respondió él.

Los escoltas de Eidolon sacaron inmediatamente sus espadas de combate.

-¿Qué dijiste?-exigió uno.

-Dije que vosotros, muchachos, deberíais guardar esas armas antes de que le haga daño a alguien con ellas.

Eidolon alzó la mano y los hombres volvieron a envainar las espadas.

-Agradezco tu intervención, Torgaddon, ya que la situación era grave. Al mismo tiempo, comprendo que los Lobos Lunares no están educados como corresponde, con auténticos modales. Así que pasaré por alto el comentario.

-Es capitán Torgaddon- le recalcó este-. Si le she insultado de algún modo, permítame que le asegure que ésa era mi intención.

-Cara a cara conmigo-gruñó Eidolon, y se arrancó el casco, obligando a su biología mejorada genéticamente a hacer frente a la atmósfera y al viento radiactivo.

Torgaddon hizo lo mismo. Se miraron fijamente a los ojos.
Tarvtiz contempló el enfrentamiento con creciente incredulidad. Jamás había visto a nadie hacerle frente a Eidolon.
Los dos estaban peto contra peto. Eidolon era algo más alto, pero Torgaddon parecía sonreír con suficiencia.

-¿Cómo te gustaría que fuera esto, Eidolon?- inquirió el Lobo Lunar-.¿Querrías, tal vez, irte a casa con la cabeza metida en el trasero?

-Eres un vil bellaco-escupió el otro.

-Sólo como información- respondió Torgaddon-. Tendrás que hacerlo mucho mejor que eso. Soy un vil bellaco y orgulloso de serlo. ¿Sabes qué es eso?

Señaló con el dedo una de las estrellas sobre sus cabezas.

-¿Una estrella?- preguntó Eidolon, momentáneamente cogido por sorpresa.

-Sí, probablemente. No tengo la menor idea. La cuestión es que soy el comandante designado a la punta de lanza de los Lobos Lunares que ha venido a rescatar vuestros miserables traseros. Lo hago por orden del señor de la guerra en persona. Está allí arriba en una de esas estrellas, y justo en estos momentos piensa que eres un cretino. Y así se lo dirá a Fulgrim, la próxima vez que lo vea.

-No pronuncies el nombre de mi primarca de un modo tan irreverente, cabrón. Horus…

-Ya vuelves a hacerlo- suspiró Torgaddon, echando hacia atrás a Eidolon de un empujón en el peto del lord-. Es el señor de la guerra.-le dio otro empujón-. El señor de la guerra. Tu señor de la guerra. Demuestra un poco de puñetero respeto.

Eidolon vaciló.

-Yo, desde luego, reconozco la majestad del señor de la guerra.

-¿Lo haces? ¿Lo haces Eidolon? Bueno, eso está bien, porque yo soy eso. Soy su instrumento elegido aquí, y te dirigirás a mí como si fuera el señor de la guerra. ¡Me demostrarás también un poco de respeto! El señor de la guerra Horus cree que has cometido algunos errores terribles en tu prosecución de este escenario. ¿A cuántos hermanos lanzaste aquí?¿Una compañía?¿Cuántos quedan?¿Serghar?¿El recuento?

-Treinta y nueve con vida, Tarik-respondió el comunicador-.Podría haber más. Hay montones de cuerpos en los que rebuscar.

-Treinta y nueve. Estabas tan hambriento de gloria que sacrificaste más de media compañía. Si yo fuera…el primarca Fulgrim, pondría tu cabeza en lo alto de un poste. Puede ser que el señor de la guerra decida hacer justo eso. Así pues, lord Eidolon, ¿nos entendemos?

-Nos…-respondió Eidolon lentamente- entendemos, capitán.

-¿A lo mejor te gustaría ir y llevar a cabo una revista de tus fuerzas?-sugirió Torgaddon-.El enemigo no tardará en regresar, estoy seguro, y en grna número.

Eidolon contempló con mirada iracunda a Torgaddon durante unos pocos segundos y luego volvió a colocarse el casco.

-No olvidaré este insulto, capitán- dijo.

-Entonces el viaje valió la pena-respondió éste, encajándose el casco con un veloz gesto.

**Extracto del libro “La Herejía de Horus. Horus: Señor de la Guerra” de Dan Abbnet. (N del A)

Torgaddon descubrió que la idea de volar los árboles usando explosivos fue de Saúl Tarvitz, aun cuando el capitán iba a dejar que Eidolon se llevara  el merito  de semejante decisión. Fue gracias a un miembro de la escuadra de Tarvitz, Bulle, quien le dijo a Tarik la verdad.
“Está claro que Eidolon reconoce una buena idea cuando otra persona la tiene”, diría en aquel momento, añadiendo mirando a Lucius, “Repréndelo o castígalo de alguna manera por hablar y haré que el señor de la guerra en persona te quite el rango”.

Sacaron a los supervivientes y a los caídos de la superficie de “Muerte”, solo para iniciar una guerra de seis meses contra un enemigo implacable. El propio Horus junto con su hermano “él Ángel” lucharon codo con codo contra los megaarácnidos.
Fue entonces cuando se descifró el contenido del mensaje y todos supieron que aquel planeta era una prisión para aquella letal especie alienígena. Una prisión de la cual no podían escapar gracias a las tormentas atmosféricas.

Aún así, el destino de los megaarácnidos es desconocido. Se cree que fueron exterminados después de la herejía de Horus con bombardeos orbitales, al llevar a cabo el Imperio un Exterminatus.

La forma de combatir de los megaáracnidos se caracterizaba por su velocidad y porque siempre venían en gran  número. Usaban sus cuatro extremidades súper afiladas para partir en dos a los Astartes y sus bocas para arrancar cabezas incluso con casco.  Siempre atacando de forma coordinada con otras variantes de la especie, como los voladores, y siempre durante unos pocos minutos, para luego retirarse durante periodos de tiempo indeterminados. Podían pasar unos pocos minutos hasta unas cuantas horas.

De cualquier manera, no hay datos concluyentes sobre esta raza. Ni como se comportaban socialmente, ni su objetivo en el páramo bélico. Si se sabe que las víctimas que capturaban las devoraban, indistintamente muertas que vivas.

Los Ángeles Sangrientos pudieron dar buena fe del modo de actuar de los megaraarácnidos. 



Unas palabras sobre Fer

Por si no lo sabéis Fer es 4 cosas: padre, maricón, friki y escritor. Una vez que Fer se ofreció a escribir el artículo, nos ofreció la posibilidad de conocer su obra de ficción. Tenéis disponible el e-book a un precio de risa, os dejo su párrafo en un correo:

Vale, ahora en serio. Te voy a pasar un fragmento de la novela. El precio es de 2€+el puto y jodido IVA. Es un PDF. Así que dile a estos que no me sean mariconas y que no lo pirateen. Que son 2€ y yo no soy la Microsoft, precisamente. :).
Te agradezco que lo incluyas. Te lo paso en formato word.
¡Un abrazo rantanplán!
P.D: Sé que se podía conseguir en formato papel en la web que se incluye o pidiéndolo en el Corte Inglés, la Fnac, Google Books y también en américa latina. hoy por hoy no estoy tan seguro.


Capítulo 11

Viaje a lo desconocido

Como si de un enorme gusano de hierro se tratara, el tren llegó a la estación de la capital en donde cientos de viajeros estaban esperando para subir en él. El aviso por altavoz estaba indicando que el tren de las veintitrés horas con destino Madrid San Martín, estaba estacionado en vía uno, andén segundo RENFE. La mayoría de los viajeros se apelotonaban esperando su turno para subir a bordo.
Se habían despedido de los demás antes de irse, pero no habían ido a despedirlos a la estación. Simón se disculpó diciendo que tenía órdenes inaplazables que cumplir, y que con él debían ir Ulloa y los demás. Lucy le dio un fuerte abrazo a Simón y otro a Ulloa y tuvo que aguatar las enormes ganas que le entraron de llorar. Ellos sonrieron y Ulloa le acarició la mejilla, quitándole una lágrima que corría por ella. Luego se fueron a la estación y Simón, junto con Ulloa y los demás, se fueron por el lado contrario.
Lucy, acompañada de Luis, junto con Mariel y Moriel, entró en la estación. No llevaban más que una mochila y una bolsa de deporte. Los dos Ángeles llevaban puestas sendas gabardinas negras y largas y no daba la impresión de que llevaran armadura alguna ni alas. Los dos humanos se habían puesto ropa cómoda, más para poder salir corriendo que para estar a gusto en el tren únicamente.
Aquella era otra de las habilidades de los Ángeles. Podían ocultar cualquier objeto que llevaran encima, de la vista de los humanos. Solo otro Ángel vería, si quisiera, las alas abultando por la gabardina y las armaduras.
Las espadas tenían la habilidad de poder ser guardadas en el antebrazo.
-Será mejor que subamos a bordo- dijo Luis.
-Estoy de acuerdo- contestó Mariel.
Buscaron el vagón que tenían destinado. Un revisor de la estación comprobaba los billetes a medida que los viajeros se iban acercando. Cuando les llegó el turno, les cogió los billetes y les dejó subir.
El vagón que les había tocado era bastante confortable. Había pedido dos cabinas. En uno de los compartimentos irían Lucy y Mariel, para que tuvieran intimidad. En otro compartimiento irían Luis y Moriel. Colocaron el poco equipaje que llevaban en las baldas del habitáculo y comprobaron las ventanas y los cerrojos.
-El viaje dura unas siete horas- dijo Luis-. Deberíamos turnarnos para hacer la guardia.
-Nadie sabe que vamos aquí, debería ser seguro.
-Con vosotros he aprendido, y por las malas, que nunca puedes dar nada por sentado.
Moriel sonrió ante el comentario del detective. Tenía que admitir que le caía bien, mejor de lo que le habían dicho. Se notaba que era inteligente, y lo más importante, había un lazo que lo unía con Lucy mucho más fuerte de lo que el propio Luis creía. Luzbel había acertado al incluirle en el viaje.
-Prácticamente- dijo el Ángel-, desde un principio te has involucrado en todo este asunto, casi sin hacer preguntas.
-Hice algunas, no vayas a pensar.
-Lo sé, ¿pero no te quedan aún preguntas por responder?
Luis, sentado en los asientos que mas tarde pasarían a ser camas, se quedó dubitativo un momento.
-La verdad es que sí, pero ya recibiré las respuestas en su debido momento.
Moriel asintió.
-Como quieras, pero si te apetece saber alguna antes, puedes preguntarme cuanto quieras.
-Gracias. ¿Vamos a ver como están las chicas?
Abrieron la puerta del compartimiento. El pasillo que daba acceso a los diferentes habitáculos no permitía el paso de más de una persona a la vez. Pequeño y adornado con una alfombra, tenía una barandilla, que iba de extremo a extremo, que permitía a los viajeros apoyarse en ella para ver el paisaje. El traqueteo del tren hacía que caminar fuera algo aparatoso, aunque el Ángel no parecía tener complicaciones, caminaba como si el tren estuviera quieto.
-¿Sabes?- dijo-. Tú caminas sin problemas y yo me voy comiendo los laterales del vagón.
-Cuestión de equilibrio- contestó el Ángel, divertido.
-Sí, claro- dijo Luis yéndose otra vez contra las ventanas-. Eso, o esas enormes alas tuyas.
Cuando por fin llegaron al habitáculo de las chicas, Luis picó tres veces. Se oyó correr un cerrojo y la puerta se abrió. Mariel era quien había abierto. Nada más verles les dejó pasar.
-¿Ya estáis instaladas?- preguntó Luis.
-Sí- contestó la Ángel-. Estábamos hablando de cosas de chicas, ¿verdad, Lucy?
Lucy asintió con la cabeza y sonrió a Mariel, ambas empezaron a reírse.
-¿Dónde está vuestro compartimiento?- preguntó Lucy.
-Al otro lado del vagón, al fondo- contestó Moriel.
El vagón de las chicas estaba justo en el lado contrario. Por lo que estaban cada uno en un extremo. Aquello les permitía vigilar la mitad del vagón, donde estaban las únicas entradas.

Pasaron por un túnel y el sonido pareció ahogarse durante el tiempo que estuvieron en él. Las luces del compartimiento les permitían ver bien y pudieron sacar algunas cosas para cenar. No llevaban mucha comida encima, tendrían que coger más cuando llegaran a Madrid, pero no había problema. Lo bueno de tener al Príncipe de las Tinieblas de tu lado, era que podías disponer de todo el dinero que necesitases. En aquel momento, llevaban quinientos euros encima. No era mucho, pero no necesitaban gastar más de lo necesario.
Moriel y Luis volvieron a su habitáculo cinco minutos antes de que pasara el revisor para quedarse con los billetes e informarles de la hora a la que llegarían a Madrid. Tras desearles buenas noches, les indicó que pasarían a prepararles las camas en unos minutos.
Pasaron a hacerles las camas media hora más tarde. Eso había consistido en descolgar de la pared las literas, ocultando los asientos y reduciendo visiblemente el espacio del compartimiento.
Lucy tenía en las manos el nuevo carnet de identidad que Ulloa le había dado. En él, lo único real era su edad. Todo lo demás era falso. Su nombre había pasado a ser Vanesa y en cuanto a su dirección, había pasado de vivir en la capital a vivir en Gijón.  Sabía que iba a echar de menos a Simón, a Jehudiel, Barachiel y a Gerardo…este…Ulloa. Aunque había pasado poco tiempo con ellos, a penas un día, se había sentido muy arropada y muy querida. Le parecía imposible que aquellos ángeles, que aquellos seres, fueran los que durante toda su vida había tomado por malignos demonios. Demonios…, eso le llenó la cabeza de preguntas. Preguntas sobre Luzbel, sobre el Infierno, sobre Satán y todas las entidades malignas que la Iglesia había estado mencionando desde siempre. Todo estaba al revés, todo era al revés, pero no era tan simple, eso lo sabía, había matices, y muchos, que no solo cambiaban las cosas si no que abrían preguntas y esas preguntas no le gustaban.
Miró a Mariel, que estaba observando por la ventana. Seria, parecía preocupada, como si estuviera pensando o sopesando algo. Quizá irse a un viaje tan largo la incomodaba.
-¿Estás bien?- le preguntó Lucy-.Pareces preocupada.
Mariel la miró, y volvió a mostrarle esa sonrisa tan cariñosa que hacía que toda su cara se iluminase.
-Claro que sí, ¿por qué me lo preguntas?
-Me había parecido que estabas preocupada por algo.
-Solo miraba la noche mientras nos movíamos. Estamos subiendo una montaña.
Lucy miró al exterior.
-Será El Pajares.
-¿El qué?
-El Pajares. Mi padre decía…-se cayó, de repente, al volverle los recuerdos de su padre. Mariel se sentó a su lado y la abrazó.
-Dime, ¿qué es "El Pajares"?
-Un puerto de montaña- dijo Lucy, despejando su mente-. Es uno de los caminos que salen de Asturias.
-¿Te gusta Asturias?
-Sí, mucho- contestó Lucy, que se había abrazado a Mariel-Es un sitio muy bonito, con muchas zonas verdes. Tengo entendido que en León todo es marrón, del color de la paja.
-¿Nunca has estado?
Lucy negó con la cabeza.
La verdad es que no recordaba haber salido alguna vez de la Capital. Tenía la sensación de que había pasado toda su vida allí, y no le importaba. Aquel lugar le gustaba, tenía a sus amigas, tenía…, tenía su vida.
Una vida que le habían arrebatado de golpe.
Por eso se había unido a ellos, en parte le daba igual si eran buenos o eran malos. Aquello, para ella, estaba claro.
-Gracias, por estar conmigo- dijo por fin.
Mariel no contestó. No hacía falta. Le acarició el pelo, no tardó en quedarse dormida. El Ángel sabía que habían sido dos días muy agotadores para ella, y aunque con dieciséis años tenía mucha vitalidad, aquel fin de semana había sido traumático para ella. Había cosas que ni un Ángel podía arreglar.

Luis había elegido hacer la primera guardia. En realidad lo habían echado a suertes y él había perdido. Llegaron a la conclusión de que podrían ver acercarse a cualquiera que quisiera interceptar el tren, aunque eran conscientes de que tenían muchos puntos ciegos. No obstante, hacer algo era mejor que no hacer nada y daba esperanzas. El viaje no duraba demasiado y llegarían a Madrid sobre las seis de la mañana. Se encontraría mucho más tranquilo cuando estuvieran ya camino de la India, en el transcontinental. Seguía sin entender porque no podían viajar en avión. Habría sido mejor y más rápido. Aquel viaje les haría dar un rodeo enorme, por no hablar del gasto que supondría.
Dentro del compartimiento, Moriel no dormía. No lo necesitaba, todo el descanso que podía requerir su cuerpo terrenal lo recibía con estar simplemente sentado o echado. No necesitaba en absoluto la necesidad de dormir como tenían los humanos. No obstante, el haber dejado que Luis hiciera la primera ronda de vigilancia le parecía más que recomendable. Eso daba al detective una oportunidad de poner en claro sus ideas, pensar algunas cosas y sentirse útil. Era muy importante, y Moriel lo sabía, que Luis Finisterre fuera con ellos en aquel viaje. Se sentían más que capaces de llevar a Lucy hasta su destino sin ayuda, pero Luzbel había dejado muy claro que la presencia de Luis sería muy beneficiosa. Moriel no necesitaba preguntar por qué. Lo veía claramente en los ojos del muchacho. Había algo que unía al detective con la chica que se escapaba al entendimiento del Ángel, pero no se había escapado al de Luzbel, ni al de Simón.
Miró por la ventana, apartando las cortinas de tela gruesa que servían a la vez de persianas e impedían que cualquier atisbo de claridad entrara por el cristal. Él no necesitaba mucha luz para ver en la oscuridad y desde donde estaban veía pasar un paisaje que iba cambiando paulatinamente a medida que recorrían kilómetros. Hacía ya varios minutos que habían dejado atrás las montañas y empezaban a adentrarse en una meseta plana hasta donde alcanzaba la vista. Durante lo que llevaban de viaje habían realizado varias paradas, cortas en su mayoría, pero pronto llegarían a León y allí la parada sería algo más larga. Sería entonces cuando revelaría a Luis y le dejaría dormir algo.
Mariel salió de su compartimiento y vio a Luis apoyado en el pasamos del pasillo del vagón. Miraba al exterior y tenía la mirada perdida, y sabía, la mente perdida en pensamientos. Se acercó a él y le sacó de sus pesquisas con una hermosa sonrisa. El detective se la devolvió y siguió mirando por la ventana.
-¿Qué tal está Lucy?- preguntó Luis.
-Está bien, se ha quedado dormida. Han sido muchas emociones en un solo fin de semana.
-Esa chica lo ha perdido todo y a todos. Puede que aún no se haya dado cuenta del todo de cual es su situación real.
-Es muy inteligente, y fuerte. Estoy segura de que ha asimilado bastante.
-Pero no es totalmente consciente de su realidad, cuando lo sea, sus reacciones serán imprevisibles- contestó Luis mirando ahora a Mariel-. Te necesitará, ahora eres como una hermana para ella, alguien con quien se puede sentir segura. Una confidente si lo prefieres.
-Por eso estoy aquí- contestó Mariel mirando el cielo nocturno de Castilla-. Este es un lugar muy apacible.
-Pronto llegaremos a León. Allí haremos otra parada- contestó Luis-.Si Gabriel supiese donde estamos, ese sería un buen lugar para emboscarnos.
-Podría haberlo hecho en el paso de montaña, mientras salíamos de Asturias. No creo que tengamos problemas una vez superemos León.
-En eso te equivocas- la contradijo Luis-. El Pajares no es el mejor sitio para emboscarnos. Pasos abruptos, caminos de montaña y túneles. La vía recorre las montañas hasta sacarnos a Castilla y León. Un ataque en esas zonas montañosas acarrearía demasiados problemas, incluso para seres voladores. No, será en León o camino de Burgos- Suspiró-. En cualquier caso, debemos estar preparados.
Mariel no estaba tan segura como el joven detective, pero no cabía duda de que él conocía mejor aquella zona que ella.
-Siempre y cuando sepan que estamos aquí.
Luis miró a Mariel.
-Lo saben.

Fuera, en la protección de la oscuridad de la noche, volando por encima de la capa de nubes que se estaba formando, un grupo de seis figuras aladas seguía las luces y el recorrido de un tren que se dirigía a la capital castellana. Las seis figuras viraron sobre si mismas y descendieron casi en picado, plegando las alas y reduciendo al máximo la resistencia al viento con sus cuerpos.
Se posaron en el último vagón, en el techo. Sus pies se agarraban perfectamente al metal y, agachados, empezaron a desplazarse por él.

Seis vagones más adelante, Luis y Mariel seguían hablando. Habían pasado de los posibles problemas que tendrían al llegar a León, para hablar de lo que harían una vez llegaran a Madrid. Luis le había dicho que tardarían todavía entre treinta minutos y una hora en coger el trasbordo, durante ese tiempo, tendrían que improvisar algo. Aunque la estación de San Martín seguramente estaría a rebosar de personas, no quería poner a nadie en peligro.
-Allí aprovecharemos para comprar provisiones y desayunar algo- estaba diciendo Luis-. Puede que vosotros no necesitéis comer nada, pero Lucy y yo sí.
-Mientras vosotros coméis algo, Moriel y yo aseguraremos el perímetro. No me gustaría tener sorpresas allí.
-Tenemos billetes para la India- dijo Luis-. ¿Pero a dónde vamos realmente?
Mariel iba a contestar, cuando un ruido de cristales rotos llenó el vagón, apenas apagados por el traqueteo del tren. La puerta del compartimiento se abrió de golpe y Moriel cayó por ella de espaldas forcejeando con un Ángel.
-¡Lucy!- gritó Luis sacando su pistola.
Pero Mariel ya estaba en movimiento. En menos tiempo del que tuvo para contarlo, Luis vio que abría la puerta del compartimiento donde estaba durmiendo Lucy y una cuchilla de casi un metro de largo salía de su gabardina.

Mariel abrió la puerta del compartimiento de golpe, y vio a dos Ángeles que habían entrado rompiendo la ventana del vagón. Uno tenía a Lucy cogida, le tapaba la boca con una mano y la sujetaba con el otro brazo. Su compañero, a su lado, tenía la espada desenvainada.
Mariel sacó la hoja de su espada a través de la manga de su gabardina, convertida ahora en una cuchilla y cargó.
La hoja de su espada encontró primero el corazón del Ángel que tenía su hoja desenvainada. El ataque fue tan rápido como devastador. El cuerpo de su adversario se convulsionó un momento y luego cayó al suelo. Con un rápido movimiento hizo girar su cuerpo en un ángulo ascendente buscando la cabeza del Ángel que tenía a Lucy agarrada. Solo encontró el aire. Volvió a equilibrar su cuerpo, con los músculos tensos, listos para saltar en cualquier momento.
Su adversario seguía teniendo retenida a Lucy. El Ángel, había cogido el cuello de la muchacha con la mano que antes le tapaba la boca. Estaba pegado contra la puerta, abierta, del vagón. Lucy pataleaba y trataba de zafarse, pero la tenía bien sujeta y Mariel sabía que no podría librarse por mucho que lo intentara, aún así la chica no dejaba de forcejear.
-¡Apártate!- decía el Ángel-¡En nombre de Dios te lo ordeno!
Mariel no mostró ningún atisbo en su rostro de haber sido impresionada o alterada por ese comentario.
-Yo no reconozco a tú Dios.
El Ángel retrocedió un poco más. Mariel sabía que no podía usar todas sus habilidades con Lucy en esa situación, pero también sabía que el Ángel no haría nada demasiado brusco. Estaban en tablas.

Luis vio como Mariel cargaba al interior del compartimiento y se giró para ayudar a Moriel. Este se zafó de su atacante de una patada mandándolo varios metros por el pasillo. Luis tuvo que pegarse a la pared para no ser arrollado. El Ángel golpeó el suelo con la espalda y Luis apretó el gatillo, la Beretta cantó tres veces. Las balas alcanzaron el pecho del Ángel, y rebotaron.
-¡Las balas no sirven!- le gritó Moriel.
-¿Quieres que use agua bendita?
Moriel sonrió.
-No me jodas…- dijo Luis.
-¡Dispara a la cabeza!
Luis no contestó, volvió a apretar el gatillo.
Pero Moriel ya se estaba moviendo y cargaba contra el Ángel que se había puesto en pie de un salto y tenía la espada desenvainada. Las balas pasaron de largo.
 El encontronazo en el pasillo provocó que ambas espadas atravesasen la pared de uno de los compartimientos. Luis pudo ver el interior del habitáculo tras el enorme tajo que habían provocado con sus hojas los dos Ángeles. Se quedó impresionado al comprobar la facilidad con que habían cortado el metal.
Moriel obligaba a retroceder al Ángel con envites directos que obligaban a su contrincante a ponerse a la defensiva y a ceder terreno. La falta de espacio en el vagón hacía que ninguno de los dos pudiera desplazarse con agilidad. Las patadas y los tajos volaban por el pasillo. Como un relámpago, la espada de Moriel trazó un pequeño arco y alcanzó de lleno el pecho del Ángel.
Cayó al suelo y miró con odio a Moriel, un segundo antes de que la hoja de su enemigo le atravesase el corazón y el último atisbo de vida se escapara de sus labios.
Al fondo del pasillo apareció otro Ángel sujetando a Lucy con fuerza. Se oyó un único disparo y la cabeza del Ángel se torció violentamente. Todo su cuerpo besó el suelo y Lucy se apartó corriendo de su lado.
Mariel clavó su propia hoja en el corazón del Ángel caído. Como los otros dos, expiró su último aliento y su cuerpo se deshizo como si nunca hubiera existido. No había ni rastro de sus atacantes, salvo los destrozos provocados en el vagón.
-¿Estáis bien?- preguntó Luis.
Lucy y Mariel asintieron con la cabeza.
-¿Hay alguien herido?- preguntó la mujer Ángel.
El tren se detuvo bruscamente y tanto Luis como Lucy tuvieron que agarrarse a algún lado para no caer al suelo.
-¿Qué ocurre?- preguntó Lucy.
-Quedaos aquí- dijo Moriel.

Él y Mariel salieron del vagón por una de las ventanas rotas. Subieron hasta el techo. Corrieron en dirección a la locomotora. Apenas hubieron pasado dos vagones cuando delante de ellos aparecieron dos figuras aladas.
El vagón se partió en dos cuando las cuatro espadas se abrazaron. Mariel se vio obligada a retroceder. Su contrincante la atacaba desde al aire y ella no podía quitarse la gabardina. Afianzó los pies y se puso en guardia. El Ángel bajó en picado dispuesto a ensartarla. Mariel se echó a un lado, aprovechando a quitarse la gabardina de un tirón.
Desplegó las alas y cargó contra su oponente en el aire.
Su espada se estrelló contra la del otro y ambos quedaron suspendidos en el aire durante una fracción de segundo. El Ángel dio varias vueltas sobre si mismo cuando la bota de Mariel le alcanzó en la boca. No espero a que se recuperara, volvió a abalanzarse sobre él con la espada en alto en ambas manos. La descargó con furia y la cabeza del Ángel cayó al vacío. Antes de que su cabeza tocara el suelo, su corazón fue destruido.
Moriel saltó, esquivando el envite de su enemigo. Ambos saltaron, fintaron y golpearon el uno contra el otro más de una docena de veces. Con cada golpe fallido delÁngel, este abría un nuevo agujero en el techo del vagón y cada estocada fallida de Moriel provocaba que su enemigo perdiera más plumas. Así siguieron, fintando y saltando. Moriel no podía quitarse la gabardina, no había tenido tiempo, pero sí había visto caer la gabardina de Mariel.

El ruido de la pelea había provocado que las personas de los vagones se despertaran y empezaran a mirar, atónitos, como tres humanos, con alas, volaban y se peleaban con espadas encendidas en llamas. Muchos empezaban a hacerse la señal de la cruz y otros exclamaban el nombre de Dios. Aquello llamó la atención de los contendientes.
El Ángel sonreía a Moriel.
-¡Míralos! ¿A quién piden ayuda? ¡A vosotros no, por cierto!
Moriel se mantenía en guardia, no dejaba de mirar al Ángel, pero no le contestó.
-¿Y ahora que harás, Demonio?
Moriel siguió sin contestar. Pero su cerebro iba a mil por hora. Sabía perfectamente lo que aquello estaba haciendo. Ponía su tapadera en peligro, enormemente. Aunque gracias a la oscuridad no se les veía las caras, la luz de sus espadas les iluminaba algo.
Los ojos de su contrincante brillaron bajo la luz del fuego de su espada. Su sonrisa se acentuó.
-Au revoire, Demonio.
Alzó el vuelo en un segundo. Moriel se lanzó tras él, pero no llegó a tiempo. Su espada hendió el aire.
Con un golpe sordo, Mariel se posó a su lado. Llevaba la espada en la mano aún. Miró como el Ángel se alejaba volando. Le puso una mano en el hombro a Moriel.
-Volverán.
Moriel no le contestó. Se limitó a apartarse de su lado y recoger la gabardina de ella, que había caído a unos metros de él.
-Póntela. Habrá muchas preguntas.
Mariel se puso la gabardina y sus alas desaparecieron como por arte de magia. Caminó junto a su compañero y volvieron al vagón. Allí, entre un corrillo de gente, vieron a Luis. Estaba sentado y se sujetaba el brazo con una mano.
Mariel corrió junto a él, muy preocupada.
-¿Qué ha pasado?- le preguntó.
-Estoy bien, gracias- dijo Luis-. Era una trampa.
-¿Una trampa?- preguntó, nerviosa, Mariel- ¿Y Lucy?
Luis asintió con la cabeza y señaló al compartimiento.
-Está a salvo. Pero ha sido un milagro.
-Cuéntanos que ha pasado- dijo Moriel, que estaba más tranquilo-. ¿Qué hace aquí medio pasaje?
La cuatro o cinco personas que estaban allí congregadas no habían abierto la boca hasta que vieron aparecer a los dos Ángeles, momento en el que empezaron a murmurar. Moriel los hizo callar con una sola de sus miradas.
-Vinieron en cuanto se empezó a oír todo el alboroto. De no ser por ellas, yo estaría muerto y Lucy habría desaparecido- contó Luis-. En cuanto os marchasteis, otro de esos…tipos entró por la ventana. Intentó acabar conmigo pero solo me alcanzó en el brazo, ya casi ni me duele, me revolví y disparé. Debí de acertarle, porque retrocedió. Lucy estaba aterrada. Gritó. Entonces esta gente entró por la puerta, y el hombre se tiró por la ventana. Maldiciendo.
-Déjame ver- Mariel le cogió el brazo-. Es solo un rasguño, pero tienes una bonita quemadura. Puede que te quede cicatriz.
-Un recuerdo, entonces.
Lucy estaba en la puerta del compartimiento, mirando a los dos Ángeles y a Luís. Ignoraba la presencia de los viajeros que allí se congregaban.
-¿Qué haremos ahora?- preguntó.
-Iré a hablar con el maquinista- dijo Luis-. Quedaos con ella. Tenemos que llegar a León.
-Pero Luis. Debemos llegar a Madrid.
-No, Moriel- Luis se incorporó-. Se acabó de hacerlo a vuestra manera. Es hora de hacer las cosas bien.







PD: Leed malditos, leed!

26 comentarios:

  1. Respuestas
    1. ¿a que sí? Así le va luego al tipo, ¿no crees? Si es que hay algunos a los que se les ve venir a la legua.

      "Padre, maricón, friki y escritor", la madre que te... xD.

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    2. joder esa presentacion no sera porque no aporte datos xDDD

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    3. Quitando lo de "maricón", lo demás sí. Es una definición bastante cercana a la realidad. ;)

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    4. bueno, bueno... yo no ahorraría calificativos xDDD

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  2. Al leer sobre los megaaracnidos y ver el dibujo, lo primero que me ha venido a la cabeza son los "bichosss" de Starship Troopers, los de la pelicula, no los OVA's (ni novela).

    Entretenido!

    Salu2!

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    1. Habla con Abnet. Yo me limité a dibujarlo según la descripción en el libro. Yo también pensé en ellos la primera vez que leí el libro.

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  3. Buenas a todos,

    Aprovecho que el domingo es un dia tranquilo en cuanto a vilipendios para formular una pregunta offtopic que espero me respondais.

    Aqui va:

    Los poderes psiquicos de tipo bendición, conjuración y maldición se manifiestan al principio de la fase de movimiento del psiquico según el reglamento. ¿Como funcionarian si el psiquico entra a la batalla en una cápsula de desembarco? ¿la fase de movimiento del psiquico empieza cuando la capsula hace el despliege rápido o cuando el psiquico va a desembarcar de la misma, pudiendo tirar el poder psiquico antes de desembarcar de la capsula?

    En definitiva se pueden tirar bendiciones, maldiciones y conjuraciones el turno en que caes con una cápsula de desembarco o no? Para el que quiera que sea mas concreto en lo que estoy pensando es en psiquico con el primaris de adivinación y combiplasma y 9 combiplasmas mas en una capsula de desembarco.

    Un saludo.

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    1. Yo creo que sí.La cápsula entra al principio del turno por lo que puede tirar poderes psíquicos,desde la cápsula sobre si mismo o la escuadra que lo acompaña.

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    2. Buenas Fer, gracias por responder, lo que me mosquea es que en la pag. 36 del reglamento en el ultimo parrafo de la primera columna dice: "Durante la fase de Movimiento en la que llegan..." como dando a entender que llegan ya en la fase de movimiento por lo que la fase de movimiento ya esta empezada ya que para referirse por ejemplo a la fase de disparo dice "En la fase de disparo de ese turno" y no en la fase de disparo que llegan como ocurre como con la de movimiento.

      Además el mismo parrafo de la pag. 36 tambien te dice "las unidades del Despliege rápido no podran moverse más" (como queriendo decir que ya han movido de hay usar "no podran mover más")"aparte de de desembarcar del vehiculo de transporte".

      ¿Como lo veis?

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    3. Anonimo, mira el codex Marine Espacial (la versión que tengas). Verás que pone que las cápsulas entran AL PRINCIPIO del turno. La fase de movimiento no es al principio del turno. Es después de que lleguen las cápsulas de desembarco y se hagan las tiradas de liderazgo para reagrupar aquellas unidades que estén huyendo y que puedan realizarlo o agrupar aquellas que lo hacen sí o sí.
      Olvídate aquí del reglamento. Prevalece el Codex.
      En la pág 36 también te dice que desembarcar cuenta como movimiento. Tú las desembarcas en el fase de movimiento, no al principio del turno. Lo que ocurre, es que el 99% de las veces, el principio del turno lo marca el movimiento. Pero con cápsulas sería así:
      Inicio del turno de jugador:
      -La mitad de las cápsulas redondeando hacia arriba llegan.
      -Las unidades que huyen, y aquellas que puedan hacerlo, realizan sus tiradas de L para reagruparse o continúan huyendo.
      Inicio de la Fase de Movimiento:
      -Usas los poderes psíquicos que se hagan al principio de la fase de movimiento.
      -Las unidades embarcadas que estén obligadas a desembarcar lo hacen (cápsulas).
      -Mueves aquellas unidades que puedan moverse (las que salen de un transporte no pueden, contaría como que han movido 2 veces y eso no es legal).
      (Resto de las fases del turno del jugador).

      Espero haberte ayudado.

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    4. Hay un apartado (si sique habiendo dudas lo buscare, ahora mismo no tengo el libro a mano), en el que te dice "un psiquico que empiece el turno en reserva no podra usar poderes que se hagan al principio del turno".

      Un saludo a todos.

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    5. Buenas Hector,

      Puedes indicarme por donde anda ese apartado.

      Gracias por adelantado, un saludo.

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    6. Localizado.

      pag. 67 del reglamento.

      Gracias Hector. Un saludo.

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    7. Cierto.Vaya una pu...a. Pero bueno, eso no quita que tú idea sea mala. Además, los poderes de la fase de movimiento no podrán usarse, loa de la fase de disparo sí.

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    8. Pues mi idea si que cambia, ahora en lugar de meter un psiquico habra que meterles un Sacerdote Lobo para que les de Enemigo Predilecto y poder repetir los unos para evitar los sobrecalentamientos, era mejor meter al psiquico pero mi intuición y las reglas que iba leyendo en el reglamento ya me iban encaminando hacia la idea de que no seria posible de hay lanzar la pregunta.

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    9. bien respondido, héctor!!

      jaj, de todas formas si pone "al principio de la fase de movimiento" y, en dicho momento, directamente no estaba en la mesa... no hacía falta partirse tanto la cabeza xD

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    10. El reglamento dice que se manifiestan al principio de la fase de movimiento del psiquico, no al principio de la fase de movimiento.

      De hay mi pregunta sobre si la fase de movimiento del psiquico empezaba cuando caia con la cápsula o cuando desembarcaba de la misma, momento en el que ya estaria el psiquico en mesa.

      Sin embargo a quedado clarinete que no se pueden tirar en esa situación y las reglas que iba leyendo sobre reservas y despliege rápido me hacian pensar que no se podia, y de hay la pregunta.

      POR CIERTO VOTO PORQUE LE PONGAS UN +1 A HECTOR.:)

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  4. excelente! Jose, pon arriba del capítulo el nombre del libro, que asi hacemos un poco mas de publicidad!!

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    1. Mira los links del final del artículo. Si Jose no lo ha puesto será por algo. Sí,bueno. Que se le olvidó.Jeje.En los links lo tienes.

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    2. http://weknowmemes.com/wp-content/uploads/2012/08/genius-meme.jpg

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  5. 2 euros es muy barato, comparado con los 20 que cuesta el libro de Abbnet, que por el fragmento que has puesto es pura basura.

    -Ughhh, somos marines espaciales y estamos muy cabreados. Y hablamos escupiendo y gruñendo y siempre soltamos frases demoledoras y clichés, para demostrar lo machos que somos-

    Por favor, ¿cuántos años tiene Abbnet?¿15?

    A ver si GW ficha algún escritor bueno, que avance el trasfondo de la herejía más allá de los 20 superhombres que eran super guerreros y hacían cosas super increíbles y que amaban supermucho a su superpapa, y que competían entre ellos para ver quién era mejor, pero de buen rollo, porque al final todos eran increíblemente buenos....hasta que un día uno, sin saber por qué (es decir por los dioses del caos, cuando algo no se puede explicar siempre son los dioses del caos), se rebela junto con algunos de sus hermanos y listo.

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    1. Gracias por el comentario. Me alegra que te guste el fragmento de mi novela más que el de Abnett. Pero son muy diferentes.Y bueno, al margen de que Horus:Señor de la guerra es la mejor de la saga, él es un escritor de éxito que vende miles de copias de sus libros en muchos idiomas distintos con una editorial que le respalda, mientras que yo he tenido que ser autoeditor y solo he.vendido 34 copias hasta la fecha.
      Pero lo dicho, gracoas. Me anima y me alegra. Si lo compras ya me dirás tu opinión si lo deseas.

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    2. 2 euros son lo que me gasto en desayunar, por diox

      ojalá ese fuera el precio de todas las cosas, otro gallo cantaría!

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  6. El reglamento dice que se manifiestan al principio de la fase de movimiento del psiquico, no al principio de la fase de movimiento.

    De hay mi pregunta sobre si la fase de movimiento del psiquico empezaba cuando caia con la cápsula o cuando desembarcaba de la misma, momento en el que ya estaria el psiquico en mesa.

    Sin embargo a quedado clarinete que no se pueden tirar en esa situación y las reglas que iba leyendo sobre reservas y despliege rápido me hacian pensar que no se podia, y de hay la pregunta.

    POR CIERTO VOTO PORQUE LE PONGAS UN +1 A HECTOR.:)

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    1. no te falta razón, anónimo xD

      ahí le va el +1!

      héctor, bienvenido al ranking! XDDD

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